Hola.
Probablemente te habías olvidado de esto. Ha pasado mucho tiempo; incluso a mí me ha costado recordar la contraseña. Pero sigue aquí. Supongo que, en cierto modo, todavía me cuesta deshacerme de esto.
Sinceramente, he perdido la costumbre de escribir en estos sitios. Y... me cuesta mucho decir algo que medianamente tenga sentido pero, solo por una última vez, voy a hacerlo, o al menos intentarlo. Al fin y al cabo, este blog lo inicié única y exclusivamente por ti.
Quiero plantearlo como una mirada atrás, qué ha sido esto... Pues cuando quieres conectar los puntos es imposible hacerlo hacia delante; siempre tienes que echar la vista al camino que has recorrido. He de admitir que recuerdo muchas, muchas cosas. Cierto es que corresponde a una época muy importante de nuestras vidas y que, por tanto, caló hondamente en mi memoria.
Recuerdo la primera vez que me fijé en ti. Sería aproximadamente sobre septiembre u octubre de 2011. Yo empezaba 1º de Bachiller y tú estabas en 2º. Salías de clase y bajabas las escaleras principales del colegio, en dirección al claustro. Yo estaba sentado y te vi pasar. Recuerdo que el jersey del uniforme era casi más grande que tú. Recuerdo tu pelo: qué largo lo tenías. Tu flequillo, te tapaba toda la frente y tenía una forma ondulada que terminaba justo por encima de tus cejas. Recuerdo tu mirada: inocente, seria y a veces perdida. Podía ver la herida tras la sonrisa.
Recuerdo haberte visto por el colegio otras muchas veces. Alguna vez me miraste, pero yo tímidamente desviaba la vista hacia otro lado, como fingiendo no existir. Seguro que todavía sigo poniendo a veces cara de tonto.
La primera vez que hablamos fue el 2 de diciembre de 2011. Celebrábamos unas convivencias un fin de semana en el colegio. Ibas disfrazada de Caperucita Roja e ibas pidiendo tapones de botellas a la gente. Creo que te pregunté para qué los querías, me burlé un poco de ti y enseguida intenté ayudarte. Cuando te encontré unos cuantos, una sonrisa cabalgó de punta a punto en tu rostro, levantando tus mejillas. Seguimos bromeando un par de veces más ese fin de semana. Al terminar tenía claro una cosa: quería seguir hablando contigo.
Rápidamente, como psicópata-maníaco que soy, te encontré en redes sociales (Bendito Tuenti). A partir de ahí, aprovechaba cualquier ocasión en que nos cruzáramos por los pasillos o en el recreo para intentar sacarte cualquier conversación: burlándome de los tapones, de caperucita, cualquier cosa.
En algún momento decidí empezar a hablarte por el chat de Tuenti también. Y poco después ya estábamos hablando por Whatsapp (me lo instalé porque me lo dijo Claudia; no lo tenía ni 2 semanas en aquel entonces). Durante esas vacaciones de Navidad he de confesar que mi momento favorito del día era cuando por las noches empezábamos a hablar y a divagar hasta descifrar todos los secretos de nuestro cosmos. Y nos compartíamos canciones (te pasaba miles de canciones), y confesábamos nuestros gustos, lo frikis que éramos (somos). Que amamos con orgullo el color amarillo, a pesar de que la sociedad no nos comprende.
Por aquel entonces me convertiste en alguien de tu pequeño círculo cuando me compartiste tu blog. Poco a poco empezaste a abrirte conmigo, a mostrarte tal y como eres. Recuerdo que un día de marzo te quitaste tu armadura y presentaste a la verdadera Andrea. Exactamente el día que me hablaste de Edu. Fue con una entrada de tu blog. "What am I to say", de Sum41. El día que me enseñaste la mayor herida de tu corazón me estremeciste. Hoy en día sigo escuchando a menudo esa canción y soy incapaz de evitar las palpitaciones y alguna que otra extrasístole. La escucho en bucle, una vez detrás de otra. Me hace sentirte, pensar en ti. A la par que es capaz de romperme, me alivia y me cura por dentro.
Sigo recordando muchas otras cosas. Recuerdo cuando ultimábamos detalles de la FLL en el colegio y tú tenías jaleos preparando decoración para la convivencia. No podía parar de hacerte fotos, ni de reírme contigo, o de aprovechar cualquier excusa para bajar al patio, donde estabas. Recuerdo que a la hora de comer, aproximadamente, te pusiste a hablar por teléfono y te apartaste. Te sentaste en mitad del patio viendo la excavación en la montaña y yo desde el aula en la que trabajábamos me quedé totalmente obnubilado mirándote. Recuerdo cuando nos encontramos en el Mercadillo Medieval y los minutos se hicieron horas.
Recuerdo la noche de la fiesta de Xolombo (o Xalambo como se llame). Recuerdo estar hablando con alguien. Escuchar tu voz pronunciando mi nombre, girarme y verte con tu vestido. Ibas jodidamente preciosa. Tardé en reaccionar. Intenté pasar tiempo contigo esa noche, pero obviamente estabas pendiente de tus amigos y no fue así, por lo que estuve taciturno por lo general.
Recuerdo el Jueves Santo de Semana Santa y cómo Claudia maquinaba en la sombra con nosotros. Organizando cafés en los que dejarnos solos; y que esa noche por la procesión te busqué y encontré.
Recuerdo la foto que te prometí en Capri. Los medallones de Italia. Hablar contigo en vez de con mis padres cuando cogíamos WiFi en el hotel. Recuerdo las clases de Olimpiadas de Geología. Recuerdo el dibujo y el texto que te hice por tu cumpleaños. Recuerdo empezar a leer "Los Juegos del Hambre" y que me pasaras una foto en Madrid con un cartel de la película. Y que me dejaras el libro del "Sinsajo". Y, joder, dejarte aquella maldita nota.
Recuerdo darme cuenta de que no sentías lo mismo. Recuerdo ser consciente y que me doliera. Recuerdo estar horas y horas quejándome con Andrea B e incluso llorar ambos por nuestros desamores. Recuerdo el viernes 4 de mayo de 2012 y no poder esconderlo más. Salías de un examen de lengua y te estuve esperando a la salida. Recuerdo la cara que pusiste y las palabras que usaste: "estoy en una época que nadie me puede gustar". Recuerdo haberte dicho algo en uno de tus peores momentos. Y pensar que incluso cagándola así acabé en tu casa...
Aunque deberías ver que no todo era malo. Piénsalo. Gracias a mí, Raquel y tú tuvisteis muchas fotos en vuestra graduación. Algo es algo.
A pesar de todo, para mí, tú eras el Sol. Eras toda la luz. El motor que hace que el aire sea viento, la tierra se mueva y que la vida florezca.
Pero poco a poco te estabas apagando. Veías que tus sueños se alejaban y cada vez podías estirar menos el brazo para alcanzarlo. Y quizás yo era un lastre que todavía te arrastraba más hacia abajo. No fue mi intención, pero tampoco fui lo mejor en aquellos momentos. Por todo aquello, te sigo diciendo lo siento.
Y un día la luz desapareció. Tu llama ya estaba consumida. La única opción que quedó fue que cada uno cogiese su camino.
Recuerdo ese verano como algo muy raro. No paraba de pensar qué sería de ti. Odiaba no poder hablarte, ni poder preguntarte qué tal estabas. Te eché mucho de menos todos y cada uno de los días de ese dichoso y maldito verano.
Recuerdo ese verano como algo muy raro. No paraba de pensar qué sería de ti. Odiaba no poder hablarte, ni poder preguntarte qué tal estabas. Te eché mucho de menos todos y cada uno de los días de ese dichoso y maldito verano.
Un día de Septiembre, hablando con María A, me dio una noticia: habías entrado a Medicina, te ibas a Huesca. De alguna forma, un escalofrío me sacudió. Me alegraba por saber que entrarías, pero me imaginaba un no volver a verte el pelo nunca más, sobre todo porque por entonces no nos hablábamos. Al día siguiente volví a ver tus mejillas sonreír y consideré que significaba el fin de esta historia.
Por suerte, desde entonces, me las he apañado para conseguir volver a verte aunque sea una vez cada 2-3 meses, siguiendo escribiendo más capítulos y anécdotas. Aun así, cada día te acabo echando más de menos.
El resto ya más o menos lo conoces. A pesar de los más de 500km seguimos riendo y sufriendo, y viviendo. Aunque hayan pasado los años, seguimos cagándola y cometiendo los mismos fallos que antes, pero lo importante es que ahora somos más fuertes. Nuestros horizontes son distintos y nuestras fronteras quedan muy distantes. Nuestras vidas son diferentes y seguimos luchando por conseguir y alcanzar nuestras metas.
El resto ya más o menos lo conoces. A pesar de los más de 500km seguimos riendo y sufriendo, y viviendo. Aunque hayan pasado los años, seguimos cagándola y cometiendo los mismos fallos que antes, pero lo importante es que ahora somos más fuertes. Nuestros horizontes son distintos y nuestras fronteras quedan muy distantes. Nuestras vidas son diferentes y seguimos luchando por conseguir y alcanzar nuestras metas.
Hay más historias dignas de mencionar, como cuando nos dedicamos a planificar en la sombra la vida de Raquel, cuando viniste a vernos a Alicante o las miles de veces que me toca a mí ir a Orihuela. Ah, sin olvidar cuando viniste a verme a Rojales y a Guardamar... Oh, espera... ¡¡¡Eso nunca ha pasado!!!
Siempre que me lo preguntan respondo lo mismo. Y no tengo motivos para esconderlo. La vez que más enamorado he estado nunca ha sido de ti. ¿Qué es lo que vi en ti? No lo sé, no es nada en concreto y creo que tampoco hay razones. No lo elegí. Fue así, yo solo me dejé llevar. Con toda sinceridad, aún con todos los problemas que surgieron, creo que nunca he sido tan feliz que cuando te conocí. Fuiste una bocanada de aire fresco en mi vida. Un botón de reinicio. Algo que echo de menos ahora mismo y temo que no vuelva a pasar. De algún modo, mirando hacia atrás y viendo dónde hemos llegado, creo que puedo afirmar que no me arrepiento de nada. Verdaderamente echo de menos sentir las cosas que sentía hace 4 años.
Adoro cuando puedo verte. Me encanta ver a esa chica que vi bajando las escaleras hace 5 años. Me encanta cuando te ríes y cuando tus mejillas pueden curar cualquier dolor que tenga, cuando aparece ese pliegue bajo tus ojos al sonreír. Cuando te obcecas y cuando se te va la cabeza. Cuando miramos a las estrellas y el universo nos rodea y hablamos del destino. Adoro la forma en que eres natural y cuando te conviertes en una explosión de ilusión porque ves un póster de BB8. A pesar de lo que parezca, me gusta esperarte debajo de tu casa y verte bajar las escaleras; supongo que me recuerda a años atrás. Y odio cuando dejan de sonar las canciones de tu móvil en mi coche, porque significa que estás lejos. Adoro cuando pones caras y cuando te cabreas y te picas; por no hablar de cuando despotricamos de la llorica de Raquel porque dice que no se come un rosco y te pones a criticarla. Me encanta la forma que tienes de ilusionarte con cualquier trasto o tontería que puedas encontrar. Por encima de todo amo tus fotos de pequeña jugando a Pokemon. Adoro cuando mandas audios y pareces que estás perdida por el mundo. Odio no tenerte cerca. Pero me gusta saber que te has convertido en toda una mujer y que, aunque tengas tus rachas, eres feliz con la vida que has encontrado allí.
Hoy, mientras contemplaba la ISS me he dado cuenta de que me da igual ver un trozo de chatarra espacial dando vueltas. Lo que me importa es saber que tú y yo estamos viendo directamente lo mismo. Me hace sentirte cerca. Me hace notar que estás a mi lado. Y eso me alivia y me cura por dentro.
Espero que lo que te dice este necio te funcione para ver que eres alguien inmensamente valiosa. Que no hay absolutamente nada , y repito, NADA, por encima de ti. Que, a pesar de ser bajita, eres demasiado grande incluso para que seas consciente de ello.
Nada puede pararte. Nada puede ponerte límites. Nadie puede hacerte sentir mal.
En fin. Eres lo mejor que tengo. No dejes de estar a mi lado. No desaparezcas nunca de mi camino.
Donde quiera que estés. A pesar de lo que pueda pasar.
Sin importar la distancia. A pesar de lo que pueda venir o lo que pueda desaparecer.
Con todo mi ser y todo mi corazón.
Te quiero.

