domingo, 8 de enero de 2012

Miedo

Reflexionando, como muchas otras noches, he llegado a una conclusión: tengo miedo. ¿De qué? No de nada en particular que sea físico, aunque en parte sí. Tengo miedo del tiempo que nos queda. Todo esto de la vuelta de vacaciones de Navidad, y ciertas conversaciones con Caperucita, me han llevado a pensar en lo que supone perder a la gente. Por desgracia, nadie es eterno, a todos nos acaba llegando la hora de partir, ya sea por motivos personales, profesionales o por temas más trascendentales.

Normalmente, esto suele ser un hecho inesperado, de repente un día se te presenta la pérdida de alguien conocido. Y verdaderamente le tengo temor a eso de perder a tus allegados. Es muy sufrido que siempre esas grandes personas que entran en tu vida puedan desaparecer sin más.

Afortunadamente, mi gran amiga la música me ha ayudado a aprender bien la lección.
Where I go I just don't know  
I got to, got to, gotta take it slow.
When I find my piece of mind,
I'm gonna give you some of my good time
 Lo importante que todo el mundo debería recordar es el llamado Carpe Diem, que explicaba anteriormente en otra entrada, ama a tus conocidos, entrégate a ellos, porque puede que un día los pierdas. E independientemente a esto, una lección más importante, he comprendido que lo importante de las personas, aunque cambien, no es que estén ahí a tu lado siempre, hay algo más trascendental. Es el hecho de la marca que estas personas tan importantes puedan dejar en ti, sus valores, sus sentimientos, todo aquello que te han enseñado.
Por eso, tengo miedo a perder a la gente, sin embargo, me resulta de gran alegría pensar que aunque físicamente estas personas no estén conmigo, mis amigos, muchos de los cuales cuando terminen el instituto no volveré a ver; lo que les hizo especiales para mí, me acompañará para siempre en mi vida, porque sé que aunque se hayan ido, su espíritu continuará.


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